Revaloración de las Trabajadoras del Hogar

Revaloración de las trabajadoras del hogar

Según la Ley 27986 de los Trabajadores del Hogar (LTH), “se denomina trabajador(a) del hogar a todas aquellas personas que efectúan labores de aseo, cocina, lavado, asistencia, cuidado de niños y demás propias de la conservación de una residencia o casa-habitación y del desenvolvimiento de un hogar, que no importen lucro o negocio para el empleador o sus familiares”.

De acuerdo a esta definición el trabajo del hogar permite la conservación de la estructura física en la que se vive y el “desenvolvimiento del hogar”, funciones que son la base sobre la que se sostienen otras acciones que realizan las personas en la vida cotidiana. Sin embargo la valoración social y económica de este tipo de trabajo no coincide con su importancia real. 

Esta desvalorización del trabajo doméstico tiene que ver con la división social del trabajo y con la valoración social tradicional y estereotipada de la mujer. El trabajo se ha dividido en productivo y reproductivo respondiendo el primero al modelo legitimado de trabajo asalariado, el trabajo reproductivo por su parte es invisible y aparentemente no requiere ninguna formación ni esfuerzo especial. El trabajo productivo se enmarca en el mundo de lo público que tradicionalmente tiene que ver con la acción proveedora masculina; mientras que el trabajo reproductivo corresponde al mundo de lo privado y  aparentemente no consume energía ni supone un esfuerzo alguno y está asignado a las mujeres.  Esta forma de dividir el trabajo ha establecido una relación jerárquica en la que, el trabajo doméstico así caracterizado es considerado superfluo y casi denigrante.  Esto se traduce en el alto índice de informalidad en el que se desarrolla este trabajo lo cual reduce la capacidad de negociación de las trabajadoras domésticas.  Asimismo, el hecho de realizarse en el ámbito de las residencias privadas limita la capacidad del Estado de vigilar el cumplimiento de la legislación correspondiente.  A esto se agrega el hecho de que al no demandar preparación “formal” el trabajo doméstico acoge a aquellas personas -generalmente mujeres- con menos recursos y menos formación por tanto con pocas posibilidades de acceder a otro tipo de actividades laborales. 

En lo últimos años ha habido una tendencia a que la edad de las mujeres que se dedican a este tipo de trabajo aumente, lo cual podría significar que las mujeres más jóvenes encuentran otras opciones de empleo. Estas nuevas oportunidades de empleo general para gente joven del país se deben a la expansión económica experimentada en el país.

Los movimientos de derechos humanos, los movimientos de mujeres, los sindicatos de trabajadoras del hogar, la aprobación de la Ley de la Trabajadora del hogar, la presión internacional (Convenio 189 OIT), los cambios en las características de las familias, así como la mayor sensibilidad social, el creciente nivel educativo, el acceso a la información, los cambios en la sociedad, en el tipo de vivienda donde se realiza esta clase de trabajo, son factores que ha facilitado mejoras para las trabajadoras del hogar.

Así, para algunas trabajadoras del hogar, especialmente aquellas que trabajan en sectores urbanos medios o medios altos, la situación ha ido cambiando, han mejorado los ingresos y las condiciones laborales; sin embargo el trabajo del hogar o trabajo doméstico sigue siendo una actividad invisible, negativamente valorada y para la gran mayoría que se dedica a esta actividad, la situación continúa siendo precaria.   

Algunos datos de la situación del trabajo doméstico[1],  indican que el nivel de ingresos de las trabajadoras del hogar aún se encuentra, en un porcentaje muy alto, por debajo de la remuneración mínima vital; igualmente, una buena proporción de las trabajadoras del hogar destina la totalidad de sus ingresos al sostenimiento del hogar, siendo el trabajo doméstico su única fuente de ingresos. El promedio de horas trabajadas por las empleadas domésticas se mantiene por encima del promedio del conjunto de la PEA ocupada, sin embargo la diferencia parece reducirse gradualmente.

En los últimos años se ha incrementado la modalidad de trabajo “cama afuera” (algo más de la mitad de la población), esta modalidad si bien da un poco más de liberad a la trabajadora que la modalidad tradicional de “cama adentro”, y posiblemente genere mayores ingresos, el hecho de trabajar menos de 8 horas o hacerlo en diferentes residencias no permite que las trabajadoras sean cubiertas por la LTH por lo que quedan en una mayor desprotección.

En el caso de las trabajadoras “cama adentro” la inexistencia de un contrato abre la puerta a diversas arbitrariedades así como situaciones de violencia que no pueden ser denunciadas.

El trabajo doméstico realizado en hogares de terceros supone una relación laboral de carácter especial no sólo por el tipo de vínculo contractual sino especialmente por el lugar donde se realiza el servicio que es al interior del ámbito familiar del empleador o empleadora, con lo que esto implica un nivel de intimidad y confidencialidad que tornan más compleja la relación.

Esta línea de intervención se enmarca en el enfoque de derechos humanos y de género cuya vulneración se expresa de forma evidente en la situación actual de la población a la que la línea dirige su acción.

La línea de intervención aborda la situación de las mujeres adultas trabajadoras del hogar, buscando proteger y formalizar el trabajo doméstico remunerado en sus diversas formas; investigando los cambios sociales que se están suscitando en el sector de las trabajadoras del hogar, y promoviendo a través de diverso proyectos cambios culturales que  permitan el reconocimiento de la importancia del trabajo del hogar y la mejorar del status de las trabajadoras del hogar, lo cual difícilmente se logra solamente con leyes y normas. Igualmente se desarrollan acciones tendientes a la sostenibilidad de servicios dirigidos a  trabajadoras del hogar.

El trabajo de sensibilización en los diversos ámbitos sociales, resulta imprescindible para avanzar en el cambio de la situación de la trabajadora del hogar.

La institución plantea la difusión de la problemática y el desarrollo de iniciativas para crear nuevas formas de relación entre empleadoras o empleadores y trabajadoras en el marco de ejercicio de derechos; la  participación en espacios de concertación y el impulso de alianzas con actores de diversos niveles tales como el Ministerio de Trabajo, el Ministerio de Educación, la Defensoría del Pueblo (particularmente defensoría adjunta de los derechos de las mujeres), los Gobiernos Regionales y Locales, las instituciones sociales y educativas, impulsoras de programas concordantes con la resolución de la problemática de las trabajadoras del hogar; las ONGs, feministas, y de derechos humanos ligados a la problemática y las propias organizaciones de trabajadoras del hogar.

Las principales estrategias que  se emplean en esta línea de intervención   tienen que ver con la difusión de la problemática y derechos de las trabajadoras del hogar, con la implementación de acciones de incidencia, el desarrollo y fortalecimiento de capacidades personales-sociales de trabajadoras del hogar, la sensibilización e información a autoridades y funcionarios públicos, la asesoría y acompañamiento a líderes trabajadoras del hogar, la formación de alianzas y concertación con trabajadoras del hogar, Municipalidades Distritales, sectores del Estado y otras ONG.

 

[1] ¿Al fondo del escalafón? Un estado de la cuestión sobre el trabajo doméstico remunerado en el Perú  Documento de Discusión CIUP  DD1501 Presentado en el CIUP Febrero, 2015 Leda M. Pérez y Pedro Llanos Paredes.